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20-Jul-2017
Ricardo Pino
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Ricardo Pino es Doctor of Business Administration, Maastricht School of Management, The Netherlands. Doctor en Administración Estratégica de Empresas, Pontificia Universidad Católica del Perú. Master of Philosophy, Maastricht School of Management, The Netherlands. Magíster en Administración, Universidad del Pacífico, Perú. Ingeniero Industrial, Pontificia Universidad Católica del Perú. Diplomado en Gestión e Ingeniería de la Calidad, Pontificia Universidad Católica del Perú. Certified Quality Engineer, American Society for Quality (ASQ-USA).

Actualmente es Director de Investigación y Profesor Investigador en el Área Académica de Operaciones, Logística y TICS de CENTRUM Católica Graduate Business School.

El Rol de La Academia
Por Ricardo Pino, Profesor de CENTRUM Católica
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La RAE define academia como una “sociedad científica, literaria o artística establecida con autoridad pública”. Desde los tiempos de Platón, reyes, generales y líderes políticos han acudido a los académicos para pedir opinión respecto a las decisiones que tenían que tomar y ser aconsejados al respecto. El objetivo de la academia es la generación de conocimiento, rol que hoy corresponde a las universidades, aunque quisiera referirme las escuelas de posgrado en particular.

Según propusieron Etzkowitz y Leydesdorff, en el modelo de la triple hélice, las relaciones entre gobierno, industria y universidad definen qué tan innovador es un país y qué tan bien podrá sostenerse como una sociedad basada en el conocimiento. Las escuelas de posgrado están llamadas a instruir a gobernantes y empresarios en las mejores prácticas que los sectores público y privado podrían tener para bien de la sociedad que los acoge. El rol de la academia va más allá que el de transmitir información que se encuentra en libros escritos para otras sociedades. Tampoco es suficiente servir de espacio para el intercambio de opiniones sin mayor sustento técnico. No basta con graduar estudiantes si estos no han adquirido las competencias que necesitan para ser agentes de cambio. La academia tiene que ser, ante todo, el lugar en el que se desarrolla conocimiento que permita mejorar la calidad de vida de la población.

No es lo mismo transmitir información que generar conocimiento. Información es lo que podemos encontrar en Internet, o en otras fuentes de dominio público, pero está claro que no por mucho mirar la variación diaria del tipo de cambio entenderemos por qué sube el dólar. Conocimiento es tener la capacidad de poder predecir lo que pasará analizando la información disponible. La academia debe estar compuesta por personas que aspiran a aprender siempre, siguiendo el método científico; mentes que guiarán a gobernantes y empresarios hacia un mejor futuro. La crisis de valores, falta de productividad, falta de cumplimiento de las normas, etc. es también reflejo de que el mundo académico, en su mayor parte, está de espaldas a las necesidades sociales.

Para ser aceptado, el conocimiento nuevo debe publicarse en revistas académicas especializadas, en las que la investigación es sometida a revisión. Esta generación de conocimiento se financia con fondos públicos o privados. En el caso de las escuelas privadas de nuestro país, el financiamiento principal proviene de las pensiones de los estudiantes. Sin embargo, es de esperar que, en la medida que el conocimiento generado sea relevante para gobierno y empresa, estos también participen aportando fondos a través de servicios de consultoría.

Es mejor invertir en una buena educación que malgastar en una educación de baja calidad. El daño que se hace uno mismo, al estudiar en una escuela de posgrado que no genere conocimiento relevante es, simplemente, irreparable.

CENTRUM Católica no se hace responsable de las opiniones expresadas en las entrevistas y artículos publicados

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