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Prensa
18-Sep-2017
La Meditación del Abrazo
La “Meditación del abrazo”, fue iniciada por el monje vietnamita Thich Nhat Hanh, señaló Telmo Becerra, Conscious Business Coach Socio fundador 1to1.coach.
La Meditación del Abrazo

Al final de una semana de gran aprendizaje donde recibí la certificación como CB Coach, mi amigo Fred Kofman, fundador del Conscious Business Center nos contó sobre la “meditación del abrazo”, iniciada por el monje vietnamita Thich Nhat Hanh.

Antes de seguir con esta historia, nos recordó que los monjes no tienen la costumbre de abrazar a una mujer.

Imagínense entonces la sorpresa que experimentó el monje, cuando al llegar a Estados Unidos para visitar a Martin Luther King, fue recibido por una señora afroamericana con un abrazo tan profundo que prácticamente lo hundió entre sus pechos y casi le impide respirar. Estando en esa situación embarazosa, dice la anécdota que el monje vietnamita Nhat Hanh empezó con este tipo de meditación: La meditación del abrazo.

“De acuerdo con la práctica, tienes que abrazar realmente a la otra persona. Tienes que hacerla sentir muy real en tus brazos, no solo por las apariencias, esas palmaditas en la espalda o fingir que estás ahí, sino al respirar conscientemente y abrazarla con todo tu cuerpo, espíritu y corazón. La meditación del abrazo es una práctica de (mindfulness). Si respiras profundamente, sosteniendo a la persona que amas, la energía de tu cuidado y aprecio penetrará en la otra persona y pronto florecerá”, explica el monje en su libro "sintiendo la paz".

Es así que empezamos a practicar esta meditación entre todos los presentes en la sala. Mirando a los ojos del otro con un cariñoso encuentro, abro mis brazos y comienzo a abrazarlo. Así abrazados, encontramos nuestras respiraciones, corazón con corazón, inhalamos y exhalamos x tres veces.

El tiempo no cuenta. Con la primera respiración, soy consciente de que estamos presentes en ese momento y me siento contento. Con la segunda respiración, me doy cuenta de que el otro está presente aquí y ahora y siento una gran paz y alegría. Finalmente, con la tercera respiración, soy consciente que estamos aquí y ahora juntos, en ese momento que no se volverá a repetir y que ninguno de los dos sabe si nos volveremos a ver y abrazar. Nos soltamos sintiendo una profunda gratitud y felicidad. No hay nada más en mi mente.

CENTRUM Católica no se hace responsable de las opiniones expresadas en las entrevistas y artículos publicados.

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