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Ricardo Pino
07-Jun-2018
Haz Simple las Cosas
Cada una de las actividades de un proceso se puede clasificar en “flujo” o “almacén”, siendo flujo aquella actividad que genera valor para el cliente, indicó Ricardo Pino, Profesor de CENTRUM PUCP.
Haz Simple las Cosas

El chiste de “¿Cuántas vueltas da un perro antes de sentarse?” tiene como respuesta “Una, la última” porque todas las otras vueltas que dio el perro antes no fueron la última. Esto permite ilustrar que lo que interesa cuando ejecutamos actividades no son las actividades en sí, sino el resultado de estas. Por tanto, tiene sentido buscar que los resultados deseados se logren con el menor uso de recursos posibles (esto es conocido como eficiencia). Dado que el resultado es lo que queremos lograr, el resultado deseado se convierte en nuestro insumo para diseñar el proceso que lo producirá.

Al preguntarnos cómo podemos lograr dicho resultado de la manera más simple, eficiente, posible, algunas preguntas que surgen son: ¿Por qué doble control si con uno solo es suficiente? ¿Por qué no hacer las cosas en el momento en que se requieren? ¿Por qué procastinar, dejando para mañana lo que podemos hacer hoy? Si tenemos que enviar una comunicación a alguien, hagámoslo ya. Lo mismo si tenemos que responder un correo. Si tenemos un trabajo pendiente, no descansemos hasta terminarlo. No posterguemos las cosas. Iniciemos cada día de nuestras vidas pensando que es el último, y terminémoslo pensando que tuvimos un buen primer día, de tal manera que cada día se volverá el primero del resto de nuestras vidas.

Cada una de las actividades de un proceso se puede clasificar en “flujo” o “almacén”, siendo flujo aquella actividad que genera valor para el cliente; es decir, aquella por la que el cliente paga; y almacén aquella actividad que no aporta valor para el cliente. Vemos, con sorpresa, que en la mayoría de procesos las actividades almacén ocupan más tiempo que las actividades flujo.

Digamos que una persona requiere atención médica, está en su casa y ha sentido un dolor por varios días. Llama a la clínica, saca cita, el día indicado se traslada a la clínica, se registra, paga la consulta, se anuncia en el consultorio, espera turno, ingresa al consultorio, el médico le pregunta por sus síntomas, le practica exámenes, el paciente espera por los resultados de los mismos, cuando los tiene se los lleva al médico y él le da una receta que compra en la farmacia, toma los medicamentos y luego de unos días se cura. De todo este proceso, la única parte que generó valor fue cuando el paciente tomó el medicamento y se curó. Todo lo demás es almacén, veamos: Un parche con chip pegado a tu cuerpo podría enviar, por Internet, tu estado físico a un grupo de especialistas que te enviarían el medicamento a tu casa, incluso antes que te des cuenta de que tienes un mal. La única actividad en común con el proceso descrito inicialmente es cuando el paciente toma el medicamento, que es la única actividad que generó valor. Identificar qué partes de los procesos son flujo y qué partes son almacén es clave para mejorar la eficiencia y mantener la competitividad de las empresas.

CENTRUM PUCP no se hace responsable de las opiniones expresadas en las entrevistas y artículos publicados.

Ricardo Pino
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Ricardo Pino es Doctor of Business Administration, Maastricht School of Management, The Netherlands. Doctor en Administración Estratégica de Empresas, Pontificia Universidad Católica del Perú. Master of Philosophy, Maastricht School of Management, The Netherlands. Magíster en Administración, Universidad del Pacífico, Perú. Ingeniero Industrial, Pontificia Universidad Católica del Perú. Diplomado en Gestión e Ingeniería de la Calidad, Pontificia Universidad Católica del Perú. Certified Quality Engineer, American Society for Quality (ASQ-USA).

Actualmente es Director de Investigación y Profesor Investigador en el Área Académica de Operaciones, Logística y TICS de CENTRUM Católica Graduate Business School.

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