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10-Abr-2017
Etocracia, no Cleptocracia
Por Juan Arroyo, Profesor e Investigador de CENTRUM Católica.
Etocracia, no Cleptocracia

En vísperas de la Revolución Francesa, en su mansión parisina de la rue Royale, el Barón de Holbach (1723-1789) reunía los jueves y domingos a las personalidades más conspicuas del mundo intelectual de la época. Con excelente comida, los vinos más caros y una biblioteca de 3,000 volúmenes, se pasearon por sus salones hombres como Jean Jacques Rousseau, Voltaire, Denis Diderot, Jean D’Alambert, Adam Smith, David Hume, Edward Gibbon y Benjamin Franklin.

Holbach pasó a la historia, así como un promotor de las ideas de la Ilustración, aunque también por una de sus obras, Etocracia, subtitulada El Gobierno Fundado en la Moral, publicada en 1776, que desde entonces ha sido una proclama contra todos los gobiernos corruptos. Hoy más que nunca debiera resonar en las conciencias de tanto codicioso desbocado su tesis: “La política no puede separarse nunca de la moral ni perderla de vista un instante, sin que haya peligros iguales para soberanos y súbditos”. Eran los tiempos monárquicos.

La idea de un “régimen moral” vale con mayor razón para las democracias, en que se eligen autoridades para que representen y conduzcan a las naciones. En este sentido, la teoría política afirma que las dictaduras son más corruptas que las democracias. A mayor transparencia, menor posibilidad de corrupción. Si esto es así, el caso Odebrecht ha corrido el velo entonces de un tipo de régimen surgido tras la transición democrática de inicios del nuevo milenio, que no era tan democrático porque no tenía los candados necesarios para garantizar una institucionalidad sana. La corrupción ha saltado de ser un fenómeno en los márgenes a una corrupción sistémica, a escala, y toda una metástasis en las alturas.

Nadie puede pensar que un fenómeno de esta envergadura no camine a constituirse en sí mismo en un régimen económico, político e institucional específico. En los regímenes corruptos hay una involución de toda la sociedad: el mercantilismo y la fuerza definen las ganancias; no hay economía meritocrática y competitiva; el Estado deja de representar el interés general; los poderes fácticos se manifiestan desembozadamente; los partidos políticos no tienen liderazgos transformacionales sino transaccionales o por interés, y devienen en agrupamientos aluvionales preelectorales, sin militancia permanentes; la reciprocidad entre los grupos corruptos conlleva a que se protejan entre ellos así sean de diferentes partidos y a que se realicen pactos transaccionales, sobre todo para los cambios de gobierno. El desarrollo final de esta involución sería una cleptocracia, estadio al que aún no llegamos pero que necesitamos cortar ahora.

De acuerdo con el Índice de Corrupción de Transparencia Internacional, entre el 2002 y el 2015 hemos caído de 40 puntos a 36 puntos, hallándonos en América Latina más cerca del último lugar (Venezuela, 17) que del primero (Uruguay, 74). Entre 168 países, hemos descendido del 41° al 88° lugar. El Heritage Foundation, en su Índice de Integridad Gubernamental, nos coloca en el puesto 85° (de 186 países) con 39 puntos, Chile (71) es el primero de la región y Venezuela (12), el último.

El Banco Mundial indica que el 16% de nuestras empresas ha recibido una propuesta de soborno del gobierno, frente al promedio de 10.4% regional; y tratándose de la expectativa de un cohecho para ganar concesiones, la cifra es de 28.5% ante 20.7% de la región. La Novena Encuesta sobre Corrupción 2015 de Proética lo corrobora desde otro ángulo: un 78% cree que este mal ha empeorado los últimos cinco años y un 85% que la lucha contra el mismo es nada o poco eficaz. El Anuario de la Policía Nacional del Perú 2015 informa además que el total de denuncias por delitos contra la administración pública acumuladas ha ascendido de 1,474 a 4,054 en el período 2010-2015. Destaca, a su vez, que los informes sobre investigación de delitos de corrupción, pese a ser implementados recién en el 2007 con un total de 13 casos, al 2015 crecieron exponencialmente a 3,035.

La única forma de salir de esta epidemia, como la ha caracterizado Luis Bedoya, es recuperar el sentido de la decencia y dignidad nacional, elevando el costo de la corrupción, impidiendo la permisividad y promoviendo un clima de amplia libertad, con una transparencia al tope, favoreciendo los ojos y oídos de los medios y la voz de la sociedad civil. La piedra de toque hoy por hoy es romper el financiamiento subrepticio de los partidos políticos. Decía Theodore Roosevelt, en 1912, que buena parte del problema radicaba en que había dos gobiernos, un gobierno ostensible y un gobierno invisible, este último sin ninguna lealtad ni responsabilidad ante el pueblo. Para él había que desterrar este gobierno invisible, como primera tarea del día. Tenía toda la razón.

Vea la entrevista completa en El Peruano del 8 de abril de 2017. Hacer clic

CENTRUM Católica no se hace responsable de las opiniones expresadas en las entrevistas y artículos publicados.

Juan Arroyo
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Juan Arroyo es Doctor en Ciencias Sociales, con mención en Sociología, por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Tiene una Maestría en Salud Pública, Universidad Peruana Cayetano Heredia, y una Maestría en Sociología, por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Cuenta con una especialización en Alta Administración Pública, en el INCAE de Costa Rica, y es egresado del Programe on Business and Sustainability de la Universidad de Cambridge y del Senior Management Programa del IE de España. Ha sido asesor de la Organización Panamericana de la Salud y de la Cooperación Alemana (GIZ). Tiene una amplia producción de libros y artículos científicos sobre gerencia, gestión pública y sistemas de salud.

Actualmente es Profesor en el Área Académica de Marketing en CENTRUM Católica.

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