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Columnas de Opinión
07-Feb-2018
El Poder de la Comunicación y Persuasión de Nuestra Imagen Profesional
Un profesional que sabe presentarse y comportarse, es más valioso y atractivo que uno que pone en riesgo la reputación e imagen de la compañía y de sí mismo, aunque sepa mucho y tenga amplia experiencia en su campo, señaló Jimena Lozada, Profesora de CENTRUM Católica. Miembro de la Asociación Internacional de Consultores de Imagen (AICI).
El Poder de la Comunicación y Persuasión de Nuestra Imagen Profesional

 

Jimena Lozada, Consultora certificada en Imagen y Etiqueta Personal y de Negocios

 

Aunque no sea justo, las personas nos juzgan (y tratan) por cómo nos vemos y cómo nos comportamos. Este proceso sucede muy rápido en la mente, y sin necesidad de que la persona evaluada diga una sola palabra a su favor ya habremos decidido si lo consideraremos para una posición en la empresa, si está listo o no para ascender; o, si está dañando el ambiente y productividad del negocio y es mejor dejarlo ir. Esto es cruel, pero real y sucede. Ese es el poder de la comunicación y persuasión de nuestra Imagen Profesional, y esta, a su vez, se apoya en dos bases: Indumentaria y Etiqueta Profesional o Comportamiento.

Si la imagen que se hicieron de nosotros no fue buena (o no la que nos gustaría), cambiarla nos costará mucho tiempo y esfuerzo; y la verdad, puede que nunca lo logremos. Nunca sabremos cómo nos afectará en el futuro. En muchos casos, candidatos a un puesto no han sido llamados ni siquiera a una primera entrevista luego de “conocerlo” por todo lo que publicó en Twitter. Así que, sería mejor que nuestra imagen y comportamiento hablen bien de nosotros (y por nosotros) y nos ayuden a obtener esa oportunidad dorada de mostrar lo que somos capaces de hacer y aportar como profesionales. No considerarlo o pensar que es algo frívolo e innecesario podría estar minando nuestro desarrollo y éxito profesional sin saberlo. El éxito en el manejo de estas habilidades blandas puede abrir puertas que de otra forma no se abrirían.

No solo una mala apariencia puede evitar que un buen profesional consiga un puesto de trabajo (y de hecho sucede); sino que un comportamiento inadecuado puede costarle el ascenso o reconocimiento que bien puede merecerlo. Sin lugar a dudas, en un mundo profesional tan competitivo como el actual, un profesional que sabe presentarse y comportarse, es más valioso y atractivo que uno que pone en riesgo la reputación e imagen de la compañía y de sí mismo, aunque sepa mucho y tenga amplia experiencia en su campo. Así de simple.

Por otra parte, desde la visión de las empresas; puesto que las personas representan a la empresa ante los demás, la imagen de sus colaboradores será la imagen que tenga el público de la empresa misma. Una empresa con mala imagen, difícilmente logrará los negocios que podría (y querría).

En un ambiente empresarial multicultural y multigeneracional, contar con lineamientos sobre indumentaria y comportamientos favorece y facilita el trabajo interrelacionado de todos los colaboradores, indistintamente de su rango, género, edad u origen, es una ventaja apreciable. Esto, a su vez, redunda positivamente en la productividad y cultura de la empresa.

“Aunque su desempeño laboral sea sólido, si usted no se presenta en una forma profesional, puede provocar que sus superiores no lo tomen de forma seria”, Rosemary Haefner – CareerBuilder.com, 2015.

CENTRUM Católica no se hace responsable de las opiniones expresadas en las entrevistas y artículos publicados.

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