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14-Sep-2017
Guerra Comercial
Los triunfos de Donald Trump y el referéndum por el Brexit, dieron una muestra clara de electores que en el caso de EE.UU. estaban en favor de restringir la inmigración y concordaban con el discurso del candidato en contra del libre comercio.
Guerra Comercial

Manuel Quindimil, Profesor de CENTRUM Católica y Gerente de Relaciones Gubernamentales y Legislativas de la Cámara de Comercio Americana del Perú – AmCham Perú, comentó que a su vez, los británicos que aprobaron ajustadamente el referéndum por el Brexit (51.9% en favor de la salida), votaron en contra del aumento de la inmigración y la pérdida de soberanía del Reino Unido frente a los poderes concedidos a las instituciones de la Unión Europea.

La mayoría de los comentaristas coincidieron en indicar que los votantes cuyos beneficios de la globalización afectaron desigualmente sus ingresos, optaron por alternativas políticas que planteaban la protección de sus economías nacionales.

Comencemos en ver cómo en EE.UU. se tradujo el discurso anti libre comercio en medidas concretas. Ya en la presidencia, Trump dio clara señales de cumplir con su promesa de “America First” al retirarse en los primeros días del mandato del TPP. El segundo paso fue la decisión de renegociar el NAFTA (muchas veces fue planteada el retiro de dicho acuerdo de libre comercio) con México y Canadá. Más recientemente la posibilidad que se renegocie el TLC con Corea del Sur, afirma esta tendencia.

Otra urticante medida ha sido la ley que dictó el Congreso y aprobó el presidente (esto demuestra que no solamente Trump impulsa medidas proteccionistas ya que fue impulsada por congresistas resentidos por la intervención de Rusia en las elecciones de 2016) en la cual se sanciona a Rusia a través de las empresas norteamericanas que inviertan en dicho país en materia energética y en privatizaciones de sus empresas públicas.

El combate de fondo es, sin duda, la relación comercial con China. Uno de los primeros golpes fue la adopción de medidas unilaterales contra las importaciones de acero y aluminio por motivos de seguridad nacional. En esta dirección, hace unos días se abrió un procedimiento administrativo contra las violaciones a los derechos de propiedad intelectual y la obligatoriedad por parte del gobierno chino que las empresas norteamericanas tengan que transferir tecnología a las entidades de dicho país. De verificar las alegaciones, EE.UU. podría imponer sanciones comerciales.

Todo este arsenal de medidas indica la tensión de las relaciones comerciales que podrían desembocar en una guerra comercial. Es sabido que la imposición de medidas restrictivas comerciales trae como consecuencia la retaliación de los países afectados, perjudicando a todos los consumidores de los países involucrados (solo se beneficios aquellos sectores protegidos por las restricciones comerciales).

¿Ahora bien, más allá de ciertas señales agresivas comerciales, la presente administración pisará el acelerador a fondo? Existen algunas señales que indican que la sangre podría no llegar al río. La salida en masa de representantes del Consejo de CEO de la Casa Blanca, estos son los principales empresarios de dicho país, muestra una grieta entre las políticas de Trump y las entidades gremiales empresariales. La Cámara de Comercio de los EE.UU. (US Chamber of Commerce) ha emitido declaraciones en favor del comercio internacional expresando que “Norteamérica no puede tener una economía en crecimiento o elevar los salarios y los ingresos de nuestros ciudadanos a menos que continuemos llegando más allá de nuestras fronteras y vendiendo productos, productos y servicios al 95% de la población mundial que vive fuera de los Estados Unidos”. En el caso de China, ante una escalada de aranceles y la posibilidad que su contraparte adopte represalias comerciales, las empresas norteamericanas con negocios en dicho país (Hollywood, Boeing, Westinghouse, Starbucks, Telsa, Apple, McDonald’s, Ford y Amazon.com) podrían ver deteriorados los mismos, lo que debiera ser una señal de cordura de ambas partes.

Más aún, ante la escalada de trabas al comercio, ya se está estimando las posibles consecuencias de una guerra comercial para los EE.UU. -se han previsto 18 escenarios posibles- en los cuales son neutros o negativos para dicho país (Bouete y Laborde).

Todas estas reacciones probablemente moderen y limen las asperezas de las declaraciones en favor del proteccionismo.

En el caso del Brexit, se está percibiendo en Gran Bretaña cierto arrepentimiento sobre la ruptura con la Unión Europea. Es que no hay “lonche gratis” ya que la salida británica de la Unión tiene un costo altísimo para la retirada. Para comenzar deben pagarle a Bruselas una cifra cercana 60.000 millones de euros, pero esa no es la peor consecuencia de desembarazarse de la UE ya que Londres dejaría el centro financiero global, lo que generaría un enorme impacto de pérdida de empleo en la famosa City (Ámsterdam, Bruselas, Dublín, Frankfurt, Luxemburgo y París están haciendo fila para ocupar su lugar).

La primera intención rupturista comienza a debilitarse en Gran Bretaña leyendo los resultados de las elecciones que pierde la Primer Ministra Theresa May a mediados de este año. May propuso un divorcio brutal con la UE (Hard Brexit), pero la respuesta electoral contundente fue en favor de una separación inteligente (Soft Brexit). El furibundo portazo consistía en la salida del mercado común y la Unión Aduanera, lo que traería aparejado la aplicación de los aranceles de importación a las mercancías de ambos lados y que las regulaciones de la Unión traten como empresas extranjeras a los proveedores de servicios británicos (vimos el papel central que juega la banca para los británicos). Este divorcio generaría adicionalmente demoras y trabas burocráticas en el comercio entre el continente y la isla.

La respuesta de los británicos fue la de una salida suave. Consiste en mantener el acceso al mercado único, tanto en bienes, como en servicios. Como contrapartida Gran Bretaña tendría que contribuir al presupuesto de la UE y respetar las cuatro libertades de movimiento de: las personas, los bienes, los servicios y los capitales. El gran escollo por digerir por parte de los británicos es resignar el control de la inmigración en su país (la gran causa por la que se votó el Brexit).

Se supone que las negociaciones debieran extenderse hasta el año 2019, pero nadie puede asegurar el cumplimiento del dead-line y, hasta algunos sostienen que podría implementarse una transición sin fin (con la esperanza que Gran Bretaña de marcha atrás a su decisión).

Como hemos visto las diferentes tramas políticas y comerciales pareciera llevarnos hacia cumbres borrascosas. Sin embargo, una vez acallados los ecos de tambores de guerra, con la factura de los costos de medidas proteccionistas en las manos, los mismos ciudadanos parecieran repensar las posturas belicosas planteadas en el campo político. Lo cierto es que la incertidumbre impera en las relaciones comerciales internacionales, lo que esperamos es que la sangre no llegue al río. De ser así, todos seremos perjudicados.

CENTRUM Católica no se hace responsable de las opiniones expresadas en las entrevistas y artículos publicados.

Manuel Ángel Quindimil
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Manuel Ángel Quindimil, es abogado internacional de negocios con más de 20 años de experiencia centrada en derecho comercial internacional y transacciones comerciales internacionales. Máster en Derecho Europeo. Universidad de La Coruña, España, (2012); Máster en Derecho Económico Internacional. (Graduado con distinción) Universidad de Warwick, Reino Unido. (1995); Máster en Comercio Internacional (Graduado con distinción) Universidad del Salvador, Buenos Aires. (1996).

Especialista en comercio internacional, con énfasis en la investigación jurídica, incluyendo documentos sobre comercio regional (GATT, MERCOSUR, Pacto Andino, NAFTA, Unión Europea, acuerdos bilaterales de libre comercio), dumping, subsidios, comercio internacional, derecho ambiental, derecho de la competencia y Derecho económico internacional.

Actualmente se desempeña como Gerente, Área de Relaciones Gubernamentales y Legislativas de (AmCham Perú). 

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